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Ediciones B. Barcelona, 2006. 424 pp. 13,95 €
ISBN: 84-666-2694-8
ISBN-13: 978-84-666-2694-1

 

Sinopsis

Alguien observa a las hermanas Albás desde la oscuridad. Sabe por qué desapareció Natalia Albás siendo una niña y por qué ha desaparecido su hermana Rebeca ahora que es ya una adolescente. Cuando Rebeca, dada por muerta, empieza a enviar mensajes amenazadores, se inicia una inquietante investigación para aclarar el misterio. ¿Por qué la familia Albás parece maldita? Envidias, culpas, anatemas... muchas podrían ser las causas, pero sólo una es la verdadera. Y la auténtica, terrorífica verdad, solamente la conoce El Dueño de las Sombras.

Han dicho de ella...

Existen aspectos, como la constante capacidad de experimentación e innovación, que convierten a Care Santos en una de las escritoras más atractivas, literariamente hablando, del actual panorama juvenil. Y es que siguiendo su trayectoria se constata que desde Hot Dogs (2001), novela realista en la línea de las modas de lecturas juveniles de hace unos años, pasando por el atrevido puzle literario de Los ojos del lobo (2004), hasta llegar a El dueño de las sombras, la autora catalana no ha cesado de experimentar con temáticas, con la estructura de la novela y con los puntos de vista del narrador. Un ejercicio encomiable, no falto de riesgos ni de algunos errores, que convierten a esta escritora en un valor a seguir.
Y es que El dueño de las sombras se aparta del realismo crítico de múltiples colecciones destinadas al joven lector y se atreve a realizar una incursión en el mundo de ultratumba, centrándose especialmente en las múltiples presentaciones del mal. Un tema que se remonta, como bien hace Santos al final del libro, hasta los románticos, como Gustavo Adolfo Bécquer, y que en la actualidad cultivan con acierto Agustín Fernández Paz, Fernando Latorre y César Mallorquín, entre otros.
Aunque este es un género difícil de abordar, la nueva mirada femenina de Santos lo enriquece de matices y ofrece un protagonismo diferente a las mujeres de la familia Albás, situado en el extremo contrario de las típicas chicas histéricas de las películas americanas de terror. Pero si con esto no hubiera bastante, la autora deleita con una de las miradas más singulares del lado oscuro del mundo: Eblus, nombre que recibe el demonio protagonista de todos los males, es el narrador de los peores momentos. Un relato en segunda persona, que se dirige al lector, con preguntas ad hoc, y que despierta en él sus miedos más ancestrales. Esta es, sin duda, la obra más ambiciosa de esta gran autora juvenil, que da muestras de una gran maestría del arte de novelar.

Joan Portell Rifà
Suplemento Exit, El periódico de Catalunya /
El periódico de Aragón, noviembre 2006

 

El fervor está justificado: yo emprendí la lectura por la noche, robé horas al sueño, devoré en un tren y no cerré el libro hasta su final, todo ello antes de que las veinticuatro horas se cumpliesen. En dueño de las sombras engancha desde su planteamiento (...) El secreto de Care Santos es poseer lo que le falta a muchos autores: inteligencia. Para contar historias de tú a tú a los adolescentes, convirtiéndose en dueña de los lectores; y para convertir una novela juvenil en  obra sin adjetivos, reflexionando sobre el papel de la mujer –ellas son el motor de la novela, mientras los hombres asienten, pasovos- o ciertas reflexiones sobre la escritura.

Elena Medel, El correo de Andalucía

 

Durante estos últimos años he llegado a una extraña conclusión o, mejor, a una convicción que me produce perturbadores pensamientos como, por ejemplo, deducir que Care Santos (Mataró, Barcelona, 1970) pacta con el diablo, o se sirve de alguna extraña pócima capaz de alargar las horas de su cotidiano convivir y aguantar durante horas delante del ordenador. Y llego a esta conclusión, primero, por su capacidad de trabajo y la consecuente cantidad de libros publicados hasta el momento y, segundo, por la variedad temática de sus obras. Lo afirmo porque cada entrega suya supone una nueva apuesta narrativa y, en esta ocasión, siembra un total desconcierto entre sus lectores con una novela de terror, El dueño de las sombras, mezcla entre el género gótico y la fantasía lovecraftiana, en el mejor sentido que pueda suponerse a una imitación temática que se remontaría a nuestro siglo XIX, poblado de leyendas y fantasías acerca de lo sobrenatural, en realidad un mundo en el que el hombre piensa, de alguna manera, ser salvado por seres superiores y en circunstancias que nada tienen que ver con su entorno más próximo.
(...)
La novela El dueño de las sombras empieza a leerse con un trepidante interés que anima al lector en su necesidad de saber más en una primera parte extensa, ritmo que no decae en ningún momento; y los personajes, adolescentes —mundo que bien conoce Care Santos—, se mueven por el escenario sombrío de una desconocida maldición con soltura y están bien perfilados. Se dosifica en la segunda por la exposición de los hechos de los antecedentes familiares, en unos pormenorizados capítulos que llevan por títulos los nombres de sus protagonistas, y una tercera parte ofrece la posibilidad de ejercitarnos en el arte de las tinieblas con una abundante documentación sobre los pormenores con que cuenta el mundo de lo sobrenatural y además, sistemática y reiteradamente, la sombra se hace dueño de nuestra voluntad cuando, de vez en cuando, se intercala un reflexión que nos anima a seguir leyendo. Y así concluimos una novela cuya última palabra, cuya último precepto, viene dictado por ese Superior que doblega nuestra voluntad.

Pedro M. Domene,
La tormenta en un vaso (www.latormentaenunvaso.blogspot.com)

 

Lo mejor que puede pasar al leer un libro es llegar a la mitad sin darte cuenta. Y este es el caso. Cuando uno se quiere percatar, El dueño de las sombras te tiene agarrado. Y encima sonríe.
El libro es algo más que literatura juvenil. Es una partida continuada con el lector en el que llega incluso a dudar de si se le está contando una aventura en la que terminará implicado. Partida salpicada además con los mejores recursos de la intriga y el terror más directo. Y con narrador inesperado entre medias.
Y no, no son truculentos sucesos en ese lugar lejano, en el extranjero y preferiblemente en medio de la nada donde estamos seguros que nunca iremos. Aquí el Averno tiene a bien buscar refugio en los Pirineos, casi en casa. Y con repetitiva tendencia a volver de vez en cuando.
En El dueño de las sombras nos encontramos con constantes giros que se acercan al lenguaje audiovisual. Diversas historias entre las que en principio es difícil encontrar un enlace y terminan convertidas en una red perfectamente tejida. Todo guarda relación: las épocas, las personas, los hechos y el destino. Un destino que, inevitablemente, se repite. Suele ocurrir cuando el ser humano se ve envuelto en guerras que le quedan grandes. Del cine de terror a Lovecraft, de Stephen King a los lúgubres románticos, todos dejan su línea por el libro, provocando su escalofrío particular.
Estas relaciones van de la mano de una unión continuada de la leyenda y la realidad. Los sucesos de un pasado difuso recobran de nuevo vida con accidentes, muertes o hechos que les suceden a protagonistas cotidianos, normales, como cualquier otro. Los objetos supuestamente más inocentes, como una muñeca de trapo o porcelana, convertidos en agentes del Mal con mayúsculas. Todo como un mecanismo perfectamente engrasado que convierte a los protagonistas, y de paso a quien va leyendo, en un peón de un magistral y diabólico maestro de ajedrez. Y como alfiles o torres un escuadrón de fantasmas, llamadas que no deberían realizarse, catástrofes y apariciones.
Care Santos indaga además en la psicología de la adolescencia desde múltiples ángulos. De la envidia al afán de protagonismo, el amor o la insensatez. Aspectos de los que se aprovecha el demiurgo que va dirigiendo la trama, pero que, al mismo tiempo, nos acercan a la humanidad de cada uno de los personajes. Este desarrollo psicológico también se da en los personajes más adultos, conscientes en mayor medida de la maldición que engloba las desgracias de una familia a lo largo del tiempo y, en consecuencia, buscadores más ansiosos de encontrar una esperanza para librarse de dicha maldición.
En definitiva, un libro para sentarse y no levantarse. Y en caso de hacerlo no mirar a los lados, no sea que nos encontremos algo. Y con una resolución hilada. Científica y mitológica a partes iguales, al alcance de la comprensión sin necesidad de tener que ir tomando apuntes cada cinco páginas para no perderse. Perfectamente creíble. He ahí lo terrorífico.

Antonio Voivoda, Literaturas.com