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Destino (Colección: Áncora & Delfin)
Barcelona, 2015, 486 pp
ISBN: 978-84-23-34990-6

Sinopsis

 Care Santos recupera viejas historias familiares y anécdotas vividas o escuchadas para escribir esta novela y consigue recrear un mundo muy vivo, donde parece que en cada momento nos podamos adentrar por las calles y callejones de aquel antiguo Mataró industrial, sintiendo sus olores y disfrutando de las pequeñas historias cotidianas de personas anónimas. Una historia también de hombres modernos, con empuje y espíritu empresarial, pero sobre todo de mujeres que a lo largo de los años saben sacudirse los convencionalismos para crecer como personas. 

La década de los 20 son años de crecimiento. Es cuando Teresa Pujolà —la futura abuela— es joven y tiene toda la vida por delante, cuando la prometen con un futuro notario a quien no ama, y ​​termina enamorada del lechero, Claudio. Una época de muchos cambios e innovaciones que chocan con las tradiciones de la burguesía y con las convicciones de una iglesia demasiado carca que ya se está quedando atrás y que en Mataró tiene su altavoz en la publicación El Pensamiento Mariano, de lectura obligada en todas las casas acomodadas y durante los veraneos en Argentona.

«Después llega la hora de criticar a los jóvenes y la señora Ramona deja claro que no le gustan los bailes ni las serenatas ni el teatro ni ningún tipo de diversión mundana. Las peores opiniones se las lleva el cine. El cine le parece un pecado mortal y cree que debería prohibirse». 

El cine es otro de os protagonistas de esta historia, un elemento que Care Santos utiliza para ilustrar la evolución de una sociedad que ve en la modernidad y en los nuevos inventos un montón de posibilidades, y que se enfrenta al mundo antiguo, el del misal y el corsé. Para ello, la autora relata el momento en que el cine llega a Mataró como el gran invento del siglo XX y su impacto en la sociedad; y narra la evolución de las salas y la competición entre los empresarios para conseguir el mejor espectáculo de la ciudad, a través de un personaje que también ha tenido que evolucionar con los tiempos: el profesor de piano de Teresa, que toca en las salas, un hombre de pocas ambiciones que encuentra en la música que interpreta en el cine una forma de rebelarse.

«Es esperanzador creer en lo que muestra la pantalla. Un mundo más justo, donde hombres y mujeres son iguales, los trabajadores pueden hablar con los patronos cara a cara y sin temor, las rígidas conductas sociales no dictan la vida de la gente, las mujeres ya no llevan corsé —ni en el cuerpo ni en el alma—, las relaciones son más espontáneas, más naturales, más hechas a la medida de los sentimientos y no de las apariencias.»

Un cine que no casa con la sociedad burguesa cerrada de la época, que es quien tiene el dinero y las fábricas, pero que inspira los más jóvenes. «Estas músicas de ahora, por ejemplo, son fatales para las chicas. Deshacen por completo el cerebro hasta dejarlo hecho un puré. Esto explica que por todas partes ocurran cosas tan extrañas. Quitarse el corsé, casarse siete veces, ponerse plumas en los sombreros, fumar con boquilla…»           

Y precisamente esta es la evolución que seguirán los personajes de la novela, el linaje de los Pujolà, que llegan a Mataró desde los alrededores de Olot en el siglo XIX para instalar un pequeño negocio de tintes y terminan en los años 20 del siglo XX como grandes industriales tintoreros. Una época brillante en la que el negocio llegará a lo más alto para acabar haciendo una bajada tan rápida que dejará los protagonistas totalmente arruinados, debido a la crisis económica repentina que provoca la suspensión de pagos del Banco de Barcelona donde buena parte de la burguesía tiene el dinero, las huelgas de los trabajadores de las fábricas y, en el caso de los Pujolà, unos socios poco claros.

Ante la derrota económica de la familia, que se empieza a intuir, Teresa Pujolà tiene muy claro su camino. No quiere seguir la estrecha línea que le marca su madre y que no le permite disfrutar ni hacer nada. De hecho, no se han entendido nunca porque Teresa es una chica activa e inteligente que quiere ayudar a su padre en la fábrica ahora que hay problemas, que quiere conocer mundo y crecer como persona; pero todo esto es imposible en su casa, con una madre rígida y chapada a la antigua, totalmente incapaz de dar su brazo a torcer. «Una mujer como es debido no debe vestir nunca colores llamativos ni telas estampadas, lo sabe todo el mundo. Este tipo de vestuario sólo sirve para hacer ostentación y para coquetear. Por la calle deberíamos ir todas con el hábito de san Francisco, para recordar que la moda sólo nos empuja hacia la frivolidad.»     

Por todo ello, y porque son otros tiempos, que Teresa decide abandonar la familia y sus compromisos de sociedad y casarse con la persona de quien está enamorada, Claudio, el lechero, con el que además monta un negocio de venta de carne en el mercado de Mataró, horrorizando a su madre, que, ofendida, lo aparta definitivamente de sus pensamientos y de su vida.       

Con esta decisión, Teresa quizás sigue la huella de su medio-abuela, Teresa Marqués, que también se casó con el amor de su vida, Silvestre, y tuvo ambiciones intelectuales y muchas ganas de cambiar las cosas en una época muy complicada para una mujer. Porque esta otra Teresa también se enfrentó a los convencionalismos, decidió que quería leer y aprender, y enseñó a leer a sus compañeras de trabajo. Además, Teresa participaba en la tertulia de la corsetería La Galana en Mataró, una ventana abierta al mundo: «Está encantada con los descubrimientos que hace en la trastienda de La Galana: que no es necesario que las diversiones sean ruidosas para seguir siendo diversiones. Que en el mundo hay mucha gente y que nadie es único en nada, ni siquiera ella con sus gustos estrafalarios.»

Care Santos es capaz de hacer revivir aquella Mataró del siglo XIX donde llegaban inmigrantes de toda Cataluña huyendo del hambre y la miseria. Durante esos años Mataró fue la ciudad de las fábricas, de las chimeneas y del futuro donde todo era posible. Una ciudad marcada, también, por su proximidad con Barcelona: «Los de Mataró tienen sus límites geográficos en el recorrido de 28,2 kilómetros de este tren, que por algo fue el primero de la península y uno de los primeros de Europa. El tren les acercó Barcelona en un tiempo en que aún quedaba lejos y es por esa razón que los mataroneses tienen corazón barcelonés desde la cuna.»

 

Han dicho de ella...

Juan Ángel Juristo, Cuadernos Hispanoamericanos, junio 2016